Galicia y sus muertos

Acabo de encontrarme una noticia sobre un lío con una misa y se me ha ocurrido escribir un poco sobre el tema, así que permitidme este inciso en mi saga sobre la mudanza.

 

Los que no habéis residido en Galicia, normalmente sabéis eso de que es tierra de meigas, incluso quizá conocéis la historia de la Santa Compaña… pero la mayoría creéis que eso son historias y que hoy en día las cosas no son así. Estáis muy equivocados. En Galicia puedes hacer lo que sea, menos tocar a los muertos.

 

Para explicar un poco la historia, voy a explicar mi situación familiar. Antes de nada, quiero aclarar que mi familia no es particularmente creyente. Mi madre como mucho dice que “algo habrá”, pero pisa la iglesia un par de veces al año… durante las fiestas. Todo nuestro contacto con la religión ha sido más bien casual. Ni yo ni mi hermana nos hemos confirmado, mi madre está soltera, mi sobrina no ha sido bautizada… vamos, una familia relativamente laica. Hasta que se toca el tema de los muertos.

 

Hace cosa de uno o dos años, mi madre me apareció con una tarjeta de la funeraria en la mano. “Por si te pasa algo, que sepan qué hacer”. Yo intenté explicarle que si me pasaba algo, que para eso estaba la policía. Entonces ella me dijo que “que sepan que está todo pago”. Entonces ahí vino la bronca…

 

Parece ser que en algún momento no determinado en su póliza de la funeraria (no se me ocurre otra forma de llamarlo) nos incluyó a mi, a mi hermana y a mi sobrina. Supongo que en diferentes momentos, pero claro, yo no era consciente de ello hasta la aparición de la dichosa tarjeta. Entonces me explicó que tenía todo cubierto, el ataúd, la misa y creo que incluso la lápida. Mi madre es perfectamente consciente de que yo soy atea, pero por si acaso, yo le recordé que no quería cura ni ataúd. Entonces vino el famoso “mientras yo viva se hace lo que yo mande”. A lo cual yo añadí que, si se moría ella antes, entonces se hacía lo que a mi me diese la gana. Obviamente casi muero en ese momento.

 

Y esta situación es la habitual en todas las casas. Toda familia tiene su seguro. Puedes no tener para pagar el alquiler, pero a la funeraria le pagas sí o sí. Y el nicho. Por dios… el nicho!!! No tendrás vivienda en propiedad ni coche, pero has comprado nicho para toda la familia. Nosotros poseemos dos de pared sólo para nosotros, y tenemos con el resto de mis tíos otro de pared y uno de tierra. De los cuatro, la mitad están vacíos. Los dos que son “nuestros” (o sea, de mi madre) los compró cuando estaba pagando la hipoteca de la casa y no llegaba a fin de mes, pero su padre (que, tengamos en cuenta, llevaba más de 20 años muerto) estaba en un osario de alquiler, y eso no podía ser así. El mal rollo de su descripción del traslado de los huesos ni os lo imagináis. Pero eso, que hay que tener nichos, al menos dos, porque ya se sabe que tienen que pasar unos años hasta que se pueda abrir, y si se muere alguien más a ver que se hace.

 

También es muy importante honrar a los muertos. En general esto se expresa en forma de luto. Mi madre siempre que me ve vestida de negro dice que claro, que ahora sí y que cuando ella se muera seguro que no me lo pongo… y eso sería un horror. Obviamente no, no me lo pienso poner, porque una cosa es vestirse de negro y otra muy diferente llevar luto.

 

El otro factor clave son las misas (de ahí que hable del tema). En Galicia las misas se hacen antes del entierro. En sí, en Galicia se llama entierro a la misa. Tú tienes a tu muerto en el tanatorio, que está al lado del cementerio, pero tienes que pasear al muerto a la iglesia, tenerlo allí de cuerpo presente y a poder ser con el ataúd abierto, y luego lo paseas de vuelta al cementerio, con el cura, que dice allí unas palabras. Después, a intervalos cada vez más espaciados, hay más misas. Lo mínimo es hacer una a los 6 meses, una al año (el “cabodaño”) y después otra a los cinco años. Hay gente que hace una cada mes el primer año, y luego otra cada año hasta los 10. Es de rigor llevar luto al menos hasta el “cabodaño”. Las misas extra no van incluidas en la póliza normalmente, y se suele requerir un mínimo de 4 curas, así que la broma sale a unos 250 euros por misa.

 

Es trascendental acudir a los eventos relacionados con un entierro. Siempre hay que acudir al tanatorio a dar el pésame y luego a la misa. Te puedes escaquear de camino al cementerio, pero debes ir a todas las misas posteriores. Por si te olvidas, una esquela estratégicamente ubicada te lo recordará, y al menos para el entierro habrá un autobús gratuito para trasladarte. Lo querido que era o no era un muerto se suele medir en número de autobuses. Es de lo poco que me han comunicado con el tiempo del entierro de mi abuela (al que no me dejaron asistir por si me traumatizaba), que había muchos autobuses. La verdad es que los autobuses van en función del sitio, porque si una persona ha vivido siempre en el mismo barrio, quizá con uno se arregla, pero si ha pasado por más sitios, pues hay que añadir más.

 

Otro de los factores a tener en cuenta son las lápidas. Hay que invertir una suma considerable de dinero (si te puedes permitir una capillita, pos mejor), porque tiene que tener los nombres grabados y un angelito o una virgen o algo. Cada vez que muere alguien hay que cambiarla entera, porque añadir nombres no queda bien. En todo momento debes tenerla “curiosita” (que diría mi madre), así que tocarán frecuentes visitas al cementerio a poner flores, porque como se estropeen das muy mala imagen. Y creedme, intentar mantener unas flores en invierno en Galicia es misión imposible. Además, en fechas señaladas es trascendental que tenga flores caras. Un par de docenas de rosas, o algo así. Otros 200 euros, fácilmente. Y eso tiene que ser en cumpleaños, santo, aniversario de bodas, difuntos… todo lo que se os ocurra.

 

Las visitas al cementerio para llevar flores siempre han sido algo impactante. Ves a todo el mundo murmurando. Te cruzas allí a medio pueblo un sábado a la mañana, y te paras a cotillear, pero en modo murmullo. Como está medio pueblo allí, tienes que ir bien vestida. A mi, era de las pocas ocasiones en las que se me imponía el uso de falda. Porque las niñas tienen que ponerse falda, ya se sabe. Luego llegas al sitio, pones las flores, y te quedas un cuarto de hora mirando a las nubes. Supuestamente hay que rezar, pero claro, la mitad están allí mirando a las nubes. Yo solía dedicarme a analizar las tumbas vecinas, a ver si había alguna novedad, o mirar los bichos en las grietas (bajo los gritos de mi madre de que no tocase eso que a saber). Cuando has acabado de rezar (o lo que sea) entonces sí, se da un paseo por el cementerio para ver las novedades: si hay muertos nuevos y tienen coronas miras si son bonitas, te enteras de si se ha muerto alguien de quien no hayas visto la esquela, analizas la moda en lápidas por si hubiera que actualizar… esas cosas. Y de vuelta para casa, normalmente hasta la semana siguiente. Así durante un par de años tras la muerte, como mínimo.

 

Yo, sigo intentando a toda costa que no me entierren y, sobretodo, que ningún cura asome cerca de mi cadáver. Por ahora, todos mis intentos están siendo infructuosos.

 

Y hasta aquí la lección de historia popular de Galicia de hoy. Supongo que me he olvidado de muchas cosas, la mayoría por parecerme a mi muy obvias (en sí, hasta que llegué a Madrid estaba convencida de que esta era la forma de actuar en todo España). Algún día explicaré por qué sí se cree en la Santa Compaña. Y mientras ya sabéis… no sin vuestros nichos!

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Postdoc en Suiza: guía de supervivencia o como finalmente hemos encontrado un piso (parte IV: la llegada de las compras)

Nuestra mudanza va viento en popa.

Primero, voy a tocar los aspectos técnicos… Antes de nada, en el post anterior decía que el seguro de la casa eran 80 al mes. Error, son 80 al año, que una ya no sabe ni lo que escribe. Todavía no lo he contratado, pero creo que ya lo tengo elegido. He encontrado uno por 120 para los dos, que incluye los robos incluyendo los que son fuera de casa. Teniendo en cuenta que nos pasamos la vida con iPhone y iPad encima, estoy valorándolo.

Lo que si he hecho ha sido elegir la conexión a internet. No tenemos todavía muy claro si la cuota de teléfono la tenemos que pagar o no, que serían unos 30 francos al mes. Tras comprobar la disponibilidad en la zona, me he animado a contratar Cablecom, con una conexión de 150 megas. En unos 10 días supuestamente me llegará el modem a casa y se supone que es conectarlo y listo. Ya veremos como acaba.

Otro de los grandes quebraderos de cabeza cuando te mudas es el cambio de dirección del correo. Por suerte, aquí la empresa de correos, Die Post, te soluciona la vida. En su web te puedes registrar y tras una comprobación de que vives donde dices que vives (te envían una carta con código de activación), puedes hacer bastantes cambios por internet, como decirles que no entreguen correo mientras estás de vacaciones, o que los paquetes te los lleven a otro sitio. Lo que hemos hecho es notificarles que nos mudamos, y por 35 francos, las cartas que nos lleguen a los dos, irán automáticamente al piso nuevo durante un año, dándonos tiempo a avisar a todo el mundo del cambio. También te ofrecen ir avisando ellos según lleguen cosas, pero hemos preferido hacerlo nosotros.

Ahora, la llegada de los muebles. Nos habíamos quedado el lunes con la duda de que pasaría en la entrega. Allá me fui yo a la casa nueva a las 4 de la tarde a esperar, en medio de una gran tormenta sobre Berna. En cuándo pasó la tormenta sonó el teléfono y el señor de Ikea me comunicó que en 15 minutos llegaban. Fue más bien media hora, y llegó el de Migros a la vez…

Primero le dije al de Migros que dejase todo en el portal, porque no podía ni plantearme pedirle que lo subiera con los de Ikea allí. Ellos se hicieron ilusiones, pero a ellos les dije que no, que arriba. Se acordaron de todos mis muertos y no disimularon su cabreo, pero subieron las cosas, mientras yo iba subiendo lo de Migros. Una vez que dejaron todo en el salón, yo acabé de subir las bolsas y después me dediqué a morir un rato. Descansé un poco y me puse a la faena, guardando toda la compra. Es sorprendente la capacidad de almacenamiento que tenemos, porque tras guardar 16 litros de leche, unos 25 de zumo, 6 botellas de coca cola, 4 kilos de pasta, 2 de arroz, 4 de harina, etc etc, siguen estando la mitad de los muebles vacíos. La cosa fue muy cansada, pero me alegra saber que por una temporada no tendremos que estar cargando con compra pesada cada fin de semana, y podemos centrarnos en las cosas frescas.

Al acabar, me puse con lo de Ikea y monté el colgador de la entrada y el estante del baño. El colgador fue bien, pero con el estante tuve que luchar un poco más. Como ya era bastante tarde, ahí quedó la cosa, aunque mientras yo montaba Nacho se ocupó de subir al dormitorio las cosas que correspondían, y antes de irnos abrimos el colchón para que fuese estirando. Es sorprendente el efecto de quitar el vacío de un colchón enrollado de Ikea. Yo aviso, no os pongáis detrás o estaréis a punto de morir aplastados, lo digo por experiencia propia.

Con esa parte en casa, ayer nos ocupamos de la fase dos. En lugar de ir a la tienda y cargar, está vez hemos encargado las cosas por internet, aunque tardarán un poco más en llegar. Hemos pedido el sofá, la mesa del comedor, el armario y una estantería. Son paquetes enormes y es posible que los señores de Ikea esta vez si nos manden a Parla, por lo que pretendemos que nos lo entreguen en sábado (sería en cosa de 15-20 días) de forma que si no lo suben, abriremos los paquetes abajo e iremos subiendo pieza a pieza.

Antes de que eso llegue, tenemos que ocuparnos del resto. Este fin de semana pretendemos dedicarlo a montar todo lo que hemos comprado hasta el momento, y deberíamos también trasladarnos ya. El jueves que viene tenemos que entregar las llaves del piso viejo, y no quiero estar el miércoles a la noche corriendo con cosas. El caso es que aunque hay algo de comida, no hay mucho con que prepararla, así que también nos tocará ir a comprar cosas de cocina. Supongo que el sábado en horario de tiendas (de 9 a 5) nos encargaremos de las compras y después del montaje. El domingo lo repartiremos entre montaje y traslado, a ver si conseguimos que el otro piso quede listo. Presiento que va a ser un fin de semana duro.

Casi dos días después de la recepción de las cosas puedo decir que tengo unas agujetas en los brazos horribles y que no se como leches voy a hacer para sobrevivir al fin de semana. En sí, este post quería haberlo escrito ayer, pero me dolía tanto todo y estaba tan cansada que en el tren me dediqué a vegetar medio dormida. Pese a ello, la ilusión por instalarnos en el piso nuevo puede más que todo el dolor del mundo.

En la próxima entrega os contaré como ha ido el fin de semana. Estad atentos, que se que más de uno quiere saber como acaba la historia!