Carta al Ministerio de Educación y demás familia

Señores del Ministerio, voy a relatarles de qué forma están jodiendo sistemáticamente mi vida.

Con cuatro años, edad con la que debía entrar al sistema educativo de este país, mi madre decidió que estudiase en un colegio concertado. Tenía la esperanza de que algún día quisera ir a la universidad, y ya se sabe la mala fama que tienen los colegios públicos en España. No la culpo por ello ya que lo hizo con la mejor intención del mundo, pero yo creía que era un error. Allí hice Preescolar y después un curso de EGB. La EGB se convirtió en Primaria, y me quedé en el colegio hasta el año que debería haberlo hecho por el plan viejo: 2º de ESO. Pero a esas alturas ya estaba muy cansada de la educación concertada, de no recibir ayudas de ningún tipo, de ser una pobre rodeada de niños ricos sin futuro, y decidí confiar en el sistema e investigar cómo era eso de la enseñanza pública. Como ya tenía muy claro que lo mío eran las ciencias, busqué los institutos en mi pueblo que tenían un bachillerato científico. Había dos, uno de ellos sólo con ciencias de la vida y el otro con ciencias y tecnológico. Resulta que el primero todavía mantenía restos del franquismo en sus aulas, y como una ya apuntaba maneras socialistas, decidió irse al otro que le ofrecía una mayor oferta científica pero que llevaba la fama de ser el peor de la zona. Recuerdo el disgusto en la familia, recuerdo el “a ese instituto sólo van putas y drogadictos”. Pero allí acabé la ESO, e hice un bachillerato con doble vía ciencia-tecnología.

La época en el instituto me hizo empezar a dudar del sistema. Año tras año pedía las bolsas de libros, pero no había forma. Parece ser que los 900 euros de salario de mi madre eran más que suficientes para pagar la casa, la comida, mis libros y mi transporte. Y es que como mi madre era soltera, no se me daba la ayuda que se me habría dado si estuviese viuda. Como aquello era imposible, todos los días caminaba cuarenta minutos para ir al instituto (y para volver, y para ir por la tarde, y volver otra vez), aunque caminar bajo una tormenta día tras día (es lo que tiene el clima gallego) no fuese algo que me motivase a seguir estudiando. Supongo que debería darle las gracias al sistema, porque durante esos años hice muchas amistades gracias a intercambiar libros de otros años, y también mantuve una complexión delgada gracias a las caminatas.

Sabía que quería estudiar biología. La nota de corte no era alta, pero yo necesitaba una matrícula gratuita. La necesitaba. Conseguí una Matrícula de Honor y me matriculé en mi primer año de carrera. Ahí empezó a decaer en picado mi confianza… Pedí la beca. Me la concedieron sí, pero una vez más mi madre soltera jugaba en mi contra. A esas alturas mi padre ya estaba muerto, pero como no se habían casado, no contaba. Además, el Ministerio de Educación no consideraba necesario darme un extra para que residiese fuera, porque total, tener clase a las 9 de la mañana y acabar las prácticas a las 9 de la noche es perfectamente compatible con el horario de trenes gallego. Sólo tendría que salir de casa a las 6 de la mañana y volver a las 12 y media, suponiendo que no se retrasasen los trenes. Por suerte mi padre se había muerto (sí, he dicho por suerte) y la Seguridad Social me concedió una pensión de orfandad, así que decidí compartir un piso de estudiantes para no asistir a las clases como un zombie. Ese golpe de suerte no duró demasiado y cuando cumplí 21 años me retiraron dicha pensión. Parece ser que debería haber completado mi formación, pese a que yo acababa tercero de carrera con un buen expediente y quería acabar mi licenciatura. A partir de ese momento sobreviví con lo que me podía dar mi madre y con la mierda de maravillosa beca de 2000 euros para todo el curso.

Llegó quinto de carrera y yo, que soy así de ingenua, recuperé la esperanza, cuando conseguí una Beca de Colaboración. Aquello en teoría era que te daban ¿3000? euros al año y tú pasabas 15 horas semanales en un laboratorio. Al final era que cobrabas en Abril, pero te habías pasado todo el curso en el laboratorio (siempre que no estuvieras en clase o en un examen).

Y acabé la carrera, en mis cinco años, con un buen expediente, con unas prácticas en empresa, con un año de experiencia en un laboratorio. Y me ofrecieron un contrato. Era un contrato de un año, para empezar a hacer una tesis.  La idea era que yo tenía contrato y pedía una FPU. Si no me la daban no podían asegurarme que fuesen a tener dinero para seguir pagándome. Pero tenía un buen expediente, tenía CV y lo más importante, el tema de la tesis que me ofrecían me apasionaba.

Pedí la FPU y la conseguí en la primera convocatoria. Pero desde el día que empecé los trámites de la solicitud no han salido más que insultos de mi boca hacia el ministerio correspondiente (tengamos en cuenta que cuando yo la pedí lo hice a ciencia, pero luego educación se separó y ahí estamos). El papeleo para conseguir la beca es horrible. Te pasas un mes corriendo entre oficinas de la universidad para tenerlo todo. Lo entregas y esperas. Y esperas. Y esperas. En mi caso esperé hasta que se agotó el plazo que tenían para la resolución… y dos meses más. Tras esos dos meses salió una lista provisional. Tenía mi beca!!! Era feliz, tenía un sueldo durante cuatro años para realizar mi investigación. Qué equivocada estaba.

Tras otros dos meses publicaron aquello en el BOE, firmé mi beca y un mes más tarde recibí mi primer sueldo. No sé cuanto piensa la gente que cobra un becario FPU, pero quiero recordar que a esos que decís que somos “la élite de los estudiantes predoctorales” nos pagáis 1142 euros.  Y no me quejaba, porque la vida en Galicia es barata y el sueldo me llegaba.

Entonces un día mi director de tesis fue trasladado a Madrid y me ofreció que me viniese con él. Sabía que la vida en Madrid no era igual, pero tras muchos números creí que podría hacerlo y solicité mi traslado. “Sólo” tardé 5 meses en conseguirlo.

Y ahora, aquí estoy, en Madrid, en uno de esos centros que han pasado la primera fase de ese maravilloso programa Severo Ochoa que la señora Garmendia alababa el pasado lunes. Mis 1142 euros de beca se quedan en 1135 porque por alguna razón el Consejo dice que tengo que pagar algo. Y en estos momentos me veo obligada a compartir mi zulo apartamento porque este mes paso a fase contrato. Allá por 2006 el Ministerio correspondiente (creo que Educación en aquel momento) sacó las becas 2+2 como algo maravilloso. Pues os voy a contar lo que es: después de dos años de becario con tus 1142 euros, pasas a estar dos años contratado. La leche, cobras un poquito más. Son 1173 euros, pero en 14 pagas. Pero claro, brutos. Neto, teniendo en cuenta que se nos aplica también el famoso recorte del 5%, se queda en cosa de 900 euros al mes. Pues un becario en Madrid no puede vivir con 900 euros al mes. Es imposible. Porque no se trata de pagar el alquiler y los recibos. No se trata de hacer la compra en el sitio más barato y llevarte la comida al laboratorio en un tupper. Se trata de que pretenden que aprendas, y para eso hay que comprarse libros. Se trata de que para todo te piden títulos de inglés, y eso implica pagar a alguien para que te enseñe. ¿Una academia? No puedo permitírmelo. También podría practicar mi inglés pasando mis vacaciones en el extranjero. No puedo permitírmelo. Podría ver películas y series en inglés, como método de inmersión… ah no, que Sinde dice que eso es ilegal.

Pero pese a todo, no estaba tan molesta. No estaba tan molesta hasta que anteayer el Ministerio publicó la lista provisional de estancias. Yo había solicitado una, y cumplía todos los requisitos. Años anteriores las habían concedido todas (siempre que cumplieses lo que pedían), pero este año nos han dejado mínimo a un tercio fuera. Eso sí, a los que se la han dado, les han dado dinero para la estancia y para unas vacaciones extra. Dicen que el recorte es porque no hay dinero, pero todos los agraciados afirman que ellos se conformarían con un poco menos, y que nos la hubiesen dado a todos. No sé cual es la excusa para denegármela. Dirán que no he sabido vender el proyecto, que quizá eso podría hacerlo en España. Pero es que cuando yo firmé esa FPU, la de los becarios “de la élite” (citando a Garmendia), lo hice sabiendo que tenía derecho a estancias en el extranjero, y ahora me dicen que no. Pero luego se quejan de que el nivel es mediocre, que no colaboramos con otros grupos, que no sabemos inglés.

Y esperarán que termine mi tesis. Sólo me quedan dos años. La leeré y me iré de postdoc. Y después esperarán que solicite una de esas postdoctorales. Una Juan de la Cierva. O quizá una Ramón y Cajal si ya llevo mucho tiempo fuera. Y que me vuelva a España, porque dirán que son ellos los que me han enviado fuera a continuar con mi formación. Y se aprovecharán del hecho de que quiera estar con mi familia y amigos, o peor, que quiera formar mi propia familia. Y con eso me querrán traer, con una postdoctoral en la que cobraré poco más de lo que cobro ahora. Y con eso pretenderán que forme una familia.

Pues no señores de los ministerios. Una servidora cuando se vaya de este país no piensa volver. Porque podrá sobrevivir sin ver a su familia. Porque no tiene planes de formar una familia, y en el caso de que los tuviese, jamás haría que sus hijos pasasen por el mismo calvario que está pasando ella.

Realmente no quería soltar todo el rollo, pero ayer por la tarde en las noticias anunciaban con mucho entusiasmo el nuevo programa de becas. Esa mierda que te dan mientras estudias la carrera. Señores del ministerio, si no quieren fomentar la mediocridad, dejen de darle cuatro duros a todo el mundo para que estudie una carrera, fomenten la formación profesional, y dediquen el dinero a lo que realmente hace falta. Intenten mantener a sus becarios medianamente contentos y dejen de quejarse de que en España no tenemos ningún Nobel, porque si de mi generación alguno ganase tal premio, lo haríamos trabajando en un centro en otro país, un país que sí se preocupe por sacar adelante nuestra carrera científica en lugar de lastrarla, como está haciendo España.

Actualización: en el Ministerio han colgado las valoraciones. Mi nota es un 5.2/6 (no sé los criterios) y la nota de corte para mi área es de un 5.3. Genial.

 

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