Firmar un contrato. Capítulo IV: El pseudotítulo

La universidad para contratarme me pide mi título de licenciada. Tal cosa yo no la poseo (pulula en un plano paralelo y algún día llegará a mis manos), pero para solucionar estos problemas en el coie te expiden temporalmente un papelito que es un “título provisional”, que básicamente dice que yo soy licenciada en biología molecular y biotecnología (que bonito suena).

Anteriormente, me tuve que molestar en pagar mis 130 euros y en pedir dicho papelito, y hoy fui a recogerlo. Os juro que no lo entiendo….

No puedo entender como a 13 de agosto, en el coie, un edificio desierto, sólo hay una cola… la cola para recoger el título provisional (hay que joderse). Hago la cola y el tipo me pregunta “que necesitas??” Lo mismo que los 20 anteriores capullo… Le doy mi DNI y se va de paseo… y cuando me trae el título (papel), aún pretende ponerse de leria conmigo, que si fíjate tú que curioso que esté haciendo dos carreras y bla bla bla… ( la cola detrás era infinita y todos me miraban con cara de querer matarme).

Yo me apoderé de mi papelito y me escabullí antes de recibir una paliza…

Ya casi tengo todos los papeles necesarios. Incluso el certificado médico está en proceso 🙂

El certificado…. creo que lo más complicado ha sido conseguir el papel (el papel en blanco, antes de rellenar). Pero eso es otra historia… que tocará mañana 😛

Anuncios

Firmar un contrato. Capítulo III: La etiqueta de Hacienda

Uno de los requisitos para poder firmar un contrato con esta maravillosa universidad es que le lleves una de las pegatinitas estas de Hacienda… que todo el mundo tiene y nadie sabe de donde ha sacado.

Hoy, a segunda hora de la mañana (digo segunda, porque ya llevaba un par de horas despierta), a eso de las 9 y media, me armé de valor y me dirigí al edificio de Hacienda.

De mi casa a mi ex-facultad en coche hay 10 minutos, de mi casa a Hacienda tarde 40… y os juro que mi facultad y Hacienda están en el mismo pueblo… (Santiago no deja de ser un pueblo). Juraría que habría tardado menos si hubiese ido caminando desde la facultad… Antes de salir de casa estudié cuidadosamente la ruta que iba a seguir… pero Murphy siempre gana. Tú no vas por un sitio porque sabes que vas a encontrarte el atasco del siglo… y el que eliges no tiene ningún tráfico… pero hay obras/control de la DGT/accidente… o todo junto, según la prisa con la que vayas.

Llegué allí, aparqué y entré en el susodicho edificio. En la puerta había el típico control de seguridad… por el que yo pasé con bolso y con todo (ya que no había el típico aceituno para recogerme el bolso y los objetos metálicos) y claro… pité.  Allí vienen corriendo 3 seguratas (tipo prose… pero en cutre) gritando un “Hey neniña… que tes que pasar o control!!!”. Evidentemente en este momento mi mal humor empezó a crecer exponencialmente. Yo ya estaba pensando algo así como “neniña tu puta madre”, pero sonreí y le dejé el bolso al tipo. El tipo pasa el bolso por el escáner y empieza a mirar su contenido (la imagen de su contenido). Y va el tipo y dice…. “e levas cables!” (la gente normal los llama auriculares, y hoy en día son un objeto muy común”) “e tamén parece un libro…” (vaya, que poco leemos…), y tras casi 10 minutos de comentarios absurdos, me dice que pase yo por el arquito. Paso y vuelvo a pitar (evidente). “Levas aljo metálico?” Claro que llevo algo metálico pedazodeimbécil (lo último sólo lo pensé). Empecé a enumerar cosas que podrían pitar: cinturón, reloj… Iba yo toda puesta a quitarlo (como era lógico) y el tipo que no que no, que pasase. Hay que joderse… y yo con mi microuzi en la espalda y el tipo me deja pasar… 😛

Una vez dentro, localizo un cartel que pone “pegatinas en censo”. Asumí que eso iba a ser que si quería las putas pegatinitas tendría que encontrar el mostrador de censo. Allá voy, y localizo el mostrador…. había dos señoritas oficinistas limándose las uñas. Las interrumpo… y me dicen que espere un momento. Espero… y una de ellas mientras tanto acaba de contarle a la otra que su hijo se  partió una pierna en la moto… que menos mal que llevaba casco (me pregunto si llevaba casco en la piena… y me empiezo a reír recordando a mi sobrina diciendo “caco” e imaginándomela siguiendo al hijo de la oficinista diciendo “cajco, caco, cajco”). Ante mi cara de estar a punto de partirme de risa, una de las señoritas me pregunta que si quiero algo. “Sí, pegatinas”. Me pide el DNI, lo teclea unas 20 veces y me pregunta si el nombre de pantalla es el mio (cosa estúpida, ya que tenía mi dni en la mano….). Una vez que confirmo imprime las etiquetas. Va y me dice “en esta hoja hay 20… ¿cuantas necesitas?” “Una, necesito una”. “Entonces te la pego en otra hoja…” “No no, deja, si el resto me harán falta, en algún momento, y ya no vuelvo”. Le arranqué de la mano la hoja y me fui de allí.

En total, le dediqué más de una hora a conseguir las etiquetitas… y después todavía tuve que ir a por el pseudotítulo.

En el próximo capítulo…. a la caza del pseudotítulo!!!!