La vida del biólogo

Siguiendo enlaces en blogrolls ajenos he llegado a este post. Y me he reído, pero mucho. Hacía mucho que no me reía tanto… y he recordado muchos momentos de mi vida. Sin querer hacerle competencia voy a hacer algo semejante, pero desde mi punto de vista, ¿qué pasa cuando empiezas biología?

Al principio como en todas las carreras es muy bonito. Cuando le dices al mundo lo que vas a estudiar hay dos versiones de respuesta. Unos te dicen “uy, pobre, ¿no entraste en medicina?” y tú los matas. Otros te dicen lo de ” que way, los animales y las plantas”. Y tu sonríes y sientes eso de “soy way”.

Empiezas la carrera ilusionada. Sólo tienes clase por la tarde, con lo que planeas no acostarte hasta horas indecentes y dormir toda la mañana. Eso no dura ni dos días, porque empiezan las prácticas por la mañana. Y las prácticas de primero de carrera son estúpidas. Tienes las de física, en las que usas un montón de aparatos inútiles, o las de citología, en las que haces dibujos abstractos que no se parecen en absoluto a lo que se supone que estás viendo a través de ese microscopio del pleistoceno.

Pero mis prácticas preferidas fueron las de botánica… allí hice grandes amistades. Tu llegabas y dormías durante un rato mientras te explicaban la teoría. Dormías porque ya te la habían explicado en clase, pero era para recordar. Después venía la parte de identificación. Al principio del curso te matas con la guía, haces cortes de la plantita, juegas con ella, te la comes, lo que haga falta para identificarla… pero no aciertas ni de coña. Y no es tu culpa, es que la guía es una mierda, porque es del pleistoceno como el microscopio y el resto del material de la facultad. A finales de curso le pides a alguien que haya hecho la práctica antes que te diga el nombre de las plantitas y tú te pasas la práctica haciendo el mono (nunca mejor dicho).

Después de las prácticas están los seminarios. Son una cosa donde el profesor se pone a hacer ejercicios y tú los copias. Nunca vas a aprender a hacerlos (a no ser que se te encienda una bombillita), pero como tus compañeros son muy inútiles tú vas con el único objetivo de copiar.

Al salir, durante los dos primeros meses de clase tienes nivelación. Ibas hasta otra facultad para que te enseñasen química. Y te esforzabas (el primer mes). Después ya ni ibas, porque era más importante comer.

Como no había tiempo para comer, nosotros también teníamos dos opciones: o comías en la cafetería de menú o te pillabas algo y te tumababas en la hierba. Como esto es Galicia la opción de la hierba no es muy saludable cuando llueve, así que lo normal era la cafetería. Pero en la cafetería hay poco sitio, con lo cual tú te pegas con quien sea necesario, pones cara de “te voy a matar” a la pija que quiere ocupar una mesa y sonríes al chico de otra mesa para que acabe el café de una vez y se vaya.

Cuando tienes mesa está todo solucionado. Consigues tu bandeja y te vas a la mesa y lo engulles todo en 10 minutos como mucho. Esto implica dos platos y postre, yo personalmente no me atrevía con el café… y sigo sin hacerlo, pero como café hay que tomar, pues te ibas a la facultad y lo pillabas en la máquina. A mi siempre me supo bien, pero el resto del mundo dice que es asqueroso, yo creo que desarrollé la inmunidad hace años.

A las cuatro entrabas a clase, todavía con el café en la mano, y aguantabas 4 horas soporíferas. Tenías desde la asignatura “yo os pongo una transparencia que escribí a mano hace 20 años y mientras yo os la leo la copiais todita” hasta el “no me da la gana de dar apuntes así que yo dicto en clase y copiais hasta el último respiro”.  En medio también había mates y física en las que copiabas por copiar…

Al salir tenías nivelación de mates. Eso fue todavía más gracioso… pero también fue útil para conocer a gente. Creo que fue la única utilidad que tuvo.

Salías de noche, evidentemente. Y llegabas a casa y descubrías que tus compañeras de piso que parecían normales con el paso de los días se iban convirtiendo en seres más extraños… y con seres extraños me refiero al lanzamiento de botella de vodka por el pasillo. Tú, pobre inocente, intentabas escapar siempre que podías y así ibas haciendo amistades. Quedabas para tomar algo y hasta empezabas a salir los jueves (cosa que con el tiempo se volvía en tu contra, concretamente en las clases del viernes a la mañana).

La esperanza que te queda, cuando mantienes ese ritmo de vida, es que todo el mundo dice que primero es el curso más difícil. Tú ya lo has superado, por medio te has ganado amigos, enemigos, supuestos amantes, has dejado a tu novio, no has aprendido casi nada de biología y has decidido cambiarte de piso a ver si tus nuevas compañeras son más normales: una es de tu clase y la otra la conoces desde hace varios años… malo será. Lo peor ya ha pasado 🙂

En el siguiente capítulo seguiré con la vida del biólogo… en el que hablaré de 2º de carrera y de los exámenes!!