Margarita

Los que seguís este blog desde el principio de los tiempos sabéis que mi vida se ha cruzado en varias ocasiones con la de Margarita Salas. Margarita nos dejó, y en el mismo año yo me he quedado sin dos de esas personas que veía como ejemplos, al menos en algunas cosas.

Me he quedado con muy mal cuerpo porque la última vez que la nombré antes de su muerte fue para criticarla por su defensa de López Otín. Pero hubo momentos muy buenos antes. Por ello decidí dedicarle un capítulo de Bacteriófagos y en lugar de volver a contar aquí todo os lo enlazo y os recomiendo escucharlo.

Para los que os animéis aquí os dejo el enlace, y así de paso veis lo que estoy haciendo en esa otra parte de mi vida…

A Margarita

Mi dieta ya no cojea

Como sucesión lógica a mi post anterior sobre Mi dieta cojea, era obvio que pasado un tiempo me leyese la continuación, Mi dieta ya no cojea.

Comparando, creo que la primera parte es un libro que destaca mitos y cosas así y que se lee bien en ratos libres, pero he de decir que con la segunda parte no es así. Porque claro, yo en la primera parte afirmaba mucho con la cabeza mientras leía pero tampoco se me estaba contando nada que fuese nuevo para mi. En la segunda parte se acumulan muchísimos consejos y aunque muchos no eran nuevos, más de una vez me sentía tentada a levantarme y apuntar la idea, porque por mucho que sepamos comer “bien” a veces las ideas no sobran.

Aunque suelo leer esta clase de libros más por comentarlos que por lo que me puedan aportar, en este caso tengo que reconocer que me he equivocado, porque sí me ha aportado mucho. Digo mucho eso de que leo a “divulgadores” porque aunque lo que divulguen quizá yo ya lo sé, quiero aprender de su faceta de comunicadores. Pues me alegro mucho de haber intentado aprender de Aitor, porque no sólo he aprendido de su capacidad para comunicar, cosa en la que sé que destaca desde hace mucho tiempo, pero también he intentado recopilar ideas para que mi dieta, en este caso, cojee un poco menos. Porque algo cojea, como la de todos… que todos, por mucho que nos esforzamos, cometemos errores de vez en cuando. Aunque sean pequeñitos. Y no me refiero a eso de un día es un día una vez cada seis meses, me refiero a ese detalle que repetimos insistentemente cada semana, pero que es poca cosa y afectará poco. Pero algo afecta. Al menos soy consciente de que mi dieta sí cojea, que creo que es el primer paso. Y poco a poco intento arreglarlo. Y ahora, con nuevas ideas, podré darle un empujón más.

Si queréis hacerle un favor a alguien y ayudarle a cumplir su propósito de mejorar su dieta en enero, os recomiendo que le regaléis este libro por Navidad. Si queréis además ayudar a que yo pueda comprarme más, os recomiendo que lo compréis haciendo clic aquí: Mi dieta ya no cojea. Si además queréis que aprenda sobre mitos, deberíais incluir también la primera parte: Mi dieta cojea. Ojalá todos los libros que leo para comentar fuesen tan agradables como estos… Para que os hagáis una idea, la segunda parte me duró menos de 24 h, porque cuando algo te engancha… te engancha.

Hacia el final del año

Vamos que estamos… ya casi a final de año. Me da cosa solo pensar que se va a acabar el año y yo aquí sigo estancada en lo que no quería, pero como lamentarse sirve de poco, hay que pensar en seguir adelante. Tras el inesperado agobio veraniego, las cosas vuelven a la calma y yo tengo que centrarme en mis objetivos. Vosotros solo sabéis algunos, que son los que os voy contando cada año y de los que doy cuenta de forma más o menos trimestral.

Aunque el trimestre acabó hace casi un mes, mi vida es muy ocupada y no he tenido hasta ahora un momento para venir a actualizar, a pensar, y a agobiarme con mi poco progreso. Vamos a ello.

  • Sigo leyendo y he conseguido recuperar el ritmo de mi objetivo. Creo que si nada se tuerce, podré cumplirlo. Por dios que nada se tuerza! Seguiré contando aquí qué libros he leído, y sí, alguna cosa pendiente tengo, lo sé.
  • Esto de publicar un artículo… es octubre y no tengo muy claro que consiga hacerlo antes de fin de año. Pero yo estoy a ello. Cuando salga todo, prometo contar la historia, porque no veáis pedazo historia hay detrás…
  • Mi ocio netflixero sigue bajo control. Ha sido usado, a ratos más de lo que debería y otros menos de lo que me gustaría. Tengo que centrarme en lo que tengo que centrarme.
  • Curiosamente he conseguido escribir aquí un poco más de lo que creía, pero menos de lo que me gustaría. Por razones que no vienen mucho a cuento he reflexionado que todo iba mejor cuando contaba mi vida y liberaba agobios… pero claro, ahora hay cosas que no se pueden contar.
  • Las vacaciones suelen ser sinónimo de conciertos, pero este año el tema ha estado muy seco, porque en mi pueblo no sé quién tomó el control de las fiestas que no tenía nada de buen gusto. Pese a ello, una escapada a otro pueblo calmó mis ansias de concierto de Heredeiros da Crus, que por cierto, han sacado disco nuevo y van a hacer gira fuera de Galicia… ¿sabéis quién va a intentar ir a uno? 🙂
  • En un giro inesperado de los hechos, cuando el laboratorio estaba que se caía en picado y yo a punto de explotar y quemar todo (figurativamente), entonces llegó un soplo de aire fresco… en forma de libertad y en forma de sangre fresca. Parece que tras todo este tiempo mi jefe ha descubierto qué necesito para ser feliz.
  • Desde mi entrada anterior he ido al rocódromo todas las semanas. Me salté una por enfermedad, pero añadí un día extra en otro sitio (que no me gustó nada). También he añadido algo más de ejercicio, he subido de peso, mi espalda ha crecido y me siento mucho mejor!
  • Sigo intentando comer mejor pero estoy lejos de mi objetivo. Cada dos por tres algo rompe mi plan, pero yo sigo intentándolo. Creo que ahora más que nunca es muy importante comer bien para mi progreso en otros aspectos.
  • No soy capaz de levantarme consistentemente a la misma hora. Bueno, sí, concretamente de levantarme demasiado tarde. Mi sistema de productividad va bien si quitamos ese detalle. Ni siquiera es que me líe con otras cosas, es que necesito dormir más. No sé por qué necesito dormir más que en el pasado pero tengo que arreglar esto, porque necesito esas horas extra en mi vida.
  • En el último mes me han preguntado varias veces que en qué año de mi tesis estoy, y no me han creído al decir que era postdoc… de quinto año. Supongo que eso es señal de que me mantengo joven. He conocido a gente de otros grupos, he organizado una fiesta para todo el departamento (nunca más en mi vida vuelvo a hacer eso) y me he ido de retiro con mis compañeros. Hemos sentido nostalgia de los 90 todos juntos, hemos jugado a las cartas, hecho el imbécil en la piscina y nos hemos reído mucho. Pese a ello, si hubiese podido elegir, no habría hecho ninguna de esas cosas.

Ahora me toca seguir centrándome y no descuidar ninguno de los aspectos de mi vida. Sigo teniendo que dedicar varias horas a la semana a X, un rato de vez en cuando a Y, seguir haciendo ejercicio y organizando mi comida mejor. Por suerte tengo la casa más o menos bajo control, y espero poder seguir así. Si pudiese saber cómo dormir menos y/o levantarme pronto de forma consistente… pero creo que el problema del sueño tiene un origen claro, aunque por desgracia si es eso no vaya a poder solucionarlo. Así que habrá que buscar alternativas.

Aunque espero escribir cosas en medio ya sabéis que, para final de año, vendrá el análisis completo. Mientras tanto, todos aquellos que me leéis desde el origen de los tiempos, ya sabéis que para temas científicos podéis escucharme en lugar de leerme, porque en Bacteriófagos sigo ahí fiel, cada martes un nuevo capítulo, a veces más técnicos y otras más personales… pero a eso no falto.

Ojos de orgasmo

Hoy os voy a hablar de un libro, pero esta vez no va a ser un libro de ciencia, y además os voy a contar un poquito de mi vida, y cómo el libro me hizo recordar mi pasado.

El libro del que os voy a hablar se llama Expediente Ojos de Orgasmo, y su autor José Ramón Alonso de la Torre. Y un título así sólo puede referirse a una cosa: al narcotráfico. Porque los conocedores del tema saben que cuando se ponen nombres a las operaciones, siempre hay mucha chispa. Y este habría sido un caso de esos, si no se refiriera al propio narco.

Pero JR Alonso, su autor, une la historia a mi vida de una forma peculiar. Trabajó unos años en Vilagarcía, pueblo que me vio nacer y crecer. Trabajó en mi instituto, aunque no coincidimos allí temporalmente. Desde hace un tiempo sigo si trabajo en La voz de Galicia y cada vez que lo leo me quedo con una idea: parece que a este hombre su paso por la ría lo dejó marcado. Ahora salgo de dudas, porque la historia de Ojos de Orgasmo me aclara que no nacería allí, pero este hombre conoce la ría como cualquier local.

Además, la historia de Ojos de Orgasmo ocurre más o menos cuando yo entraba en ese instituto. Cuando yo entraba en el instituto de las putas y los narcos, viniendo del colegio de monjas. Porque yo era así ya muy peculiar de aquella, y me iba la aventura o algo. Los años que pasé en ese instituto me hicieron conocer esa vida de la ría como nadie, porque allí no me relacionaba ya con los niños bien del pueblo (a los que por cierto, no aguantaba). Aquello era, recordemos, el sitio de las putas y los narcos. Y allí hice muchas amistades y aprendí mucho de la vida.

Se puede vivir en la ría e ignorar lo que es la ría. Pero la ría es lo que es, señoras como Carmen, la verdadera protagonista de este libro, y narcos como Ojos de Orgasmo y sus amiguitos. Algunos de los que fueron mis compañeros de instituto son ahora como ellos, pero yo quiero pensar que soy más como Carmen, o mejor dicho, como su sobrino Ramiro, el que vale para estudiar pero que lleva la sangre de la ría.

Curiosamente mi madre también se llama Carmen, y comparando con la historia, ella también fue a la seca, y tuvo hijas de soltera, pero ella sí aceptó el trabajo en el pazo. Concretamente, en el colegio de las monjas, que fue lo que me llevó a mi allí, no el catolicismo inexistente en mi familia. Pero la verdadera Carmen en mi vida era mi abuela, pese a que ella se llamase Ángeles, Angelita para medio pueblo. Ella fue la que se quedó viuda con seis hijos, teniendo la más pequeña cuatro años, y sacó la familia adelante por sus ovarios. Porque a tercas no nos gana nadie. Y las mujeres de la ría son muy muy tercas, como Carmen.

Hay que tener los ovarios muy bien puestos para salir a por almejas a diario. No sé si lo habéis hecho alguna vez, pero os aseguro que no es algo fácil. Ya, los percebeiros se juegan la vida, pero lo otro no es descansado. Y con eso no llega, porque de un kilo de almejas no se vive. Hace poco más de una semana estaba por la zona y todavía veía a esas señoras que, como Carmen, después de ir a la almeja, sachaban sus leiras a pleno sol y metían sus gritos. Ahí no hay marido que proteste. Son las matriarcas, y una familia de la ría se organiza siempre entorno a la abuela. La abuela manda. Es así, y eso no lo cambia nadie.

Por otro lado, está la gente como Ojos de Orgasmo, y todos los que lo rodean. Sigue habiendo coches por encima de las posibilidades realistas de esa gente, sigue habiendo negocios que nadie entiende cómo sobreviven, y los narcos de poca monta siguen a sus anchas. Treinta años más tarde, seguimos sin ver que hay cocaína en cada esquina, que mantiene una economía inexplicable a un forastero, y que no, la vida que algunos tienen en la ría no es la normal. Pero eso son los de la villa, el pueblo, que decimos los de un poco más al norte, y los que de una forma u otra se aprovechan del dinero que trajeron y traen los narcos. Pero los del monte siguen ahí, y a ellos también los conocí en mi etapa en el instituto. Los montunos. Los que tenían que sachar y vendimiar (otra tarea, por cierto, bastante cansada).

Yo podría haber ignorado todo ese mundo, pero en esos años me hice amiga de unos y otros, de montunos y de aprendices de narcos. Cada uno miraba por lo suyo, y todos me aportaron mucho en la etapa de mi vida en la que más aprendí. Parecía un suicidio eso de ir al instituto de las putas y los narcos, pero años después puedo decir que en esos años, fue cuando más aprendí, porque aunque luego me sacase una carrera y un doctorado, ahí de la vida no aprendes demasiado.

Recuerdo a chicos como Ojos de Orgasmo a la puerta de mi instituto. Recuerdo que yo saltaba la valla en el recreo (para ir a comprar una palmera de chocolate al quiosco más cercano) y siempre estaban por allí. A esas alturas nadie escondía ya el hachís y la coca solo si alguien miraba demasiado. Tampoco era raro ver policía por la zona, pero obviamente no hacían nada. Recuerdo que algunos profesores me advertían sobre mis compañías, sobre posibles malas influencias, y que sería una pena porque yo podía estudiar. Ahora muchos de ellos saben que he estudiado, pero no que desde Suiza me acuerdo muchas veces de ellos. Me acuerdo de Roberto, mi profe de mates que me insistía en que era tan terca como mi hermana. Me acuerdo de Isabel que se tiraba de los pelos porque pese a sacar siempre sobresalientes en sus exámenes, era incapaz de hacerme hablar gallego normativo cuando yo hablaba castellano, o peor, gallego de la ría, eso que algunos llaman castrapo, plagado de seseos y gheadas al más puro estilo Heredeiros da Crus. Me acuerdo de Carmen, mi profe de francés, que me apoyó muchísimo esos años, y gracias a la cual he salido de más de un apuro en mis viajes a Francia. También me acuerdo de Susana, mi profe de historia, siempre sorprendida por mi capacidad para recordar datos y que dejó esa semillita política en mi cabeza aunque ella quisiese siempre ocultar sus ideas. Pero sin duda, leyendo historias como la de este libro, de quien más me acuerdo es de Rosa, ya fallecida, que siempre me decía eso de que era de ideas fijas como mi abuela, y que cuando se me metía algo en la cabeza, no había forma de hacerme cambiar de opinión.

Ahora, si os interesa leer la historia (ficción, conste) que me ha hecho recordar todo esto, tenéis dos opciones. Podéis hacer como yo, que me fui a una librería que se encuentra en ese camino que yo hacía cada día para ir al instituto, y esperar a ver qué cara os pone la dependienta (en mi caso no tengo claro si el susto era por el título del libro o porque entrase un cliente), o podéis comprarlo siguiendo este enlace Expediente Ojos de Orgasmo con el que además me ayudaréis a seguir comprando libros.

No sé si los ojos se ponen más azules al pasar tiempo en la ría… yo creo que es la brisa del mar y lo que rasca el granito, que junto al radón, nos dan esa particular personalidad.

Mi dieta cojea

Llevaba un montón de tiempo con este libro en la lista de pendientes y por fin he tenido la oportunidad de leerlo. Que era simple cuestión de falta de tiempo y elección, y eso no podía ser.

Es uno de esos libros que desde mi perspectiva a mi no me aportan en exceso, pero que me leo para saber si aportan al resto. Porque claro, a mi esto no me ha tumbado ningún mito, y lo que me he pasado han sido horas asintiendo con la cabeza y pensando que sí, que claro, que cuanta razón. Y justamente por eso todos deberíais leerlo, porque es importante confirmar que nuestras creencias tienen sentido. Porque a lo mejor os estáis complicando la vida en exceso al intentar tener una dieta sana. O a lo mejor lo que creéis que es sano no lo es tanto.

Es una lectura muy amena y seguro que es un libro que os han recomendado mil veces, que seguro que muchos habréis leído, pero si no, no puede faltar en vuestra lista de lecturas veraniegas. Quizá os ayude a plantear vuestros planes alimenticios del resto del año de una forma diferente.

Y aunque muchos ya lo habréis leído, si no es así y queréis ayudarme a seguir leyendo, lo podéis conseguir en este enlace patrocinado. Además, es un fantástico regalo para ese familiar o amigo al que le queréis mandar un mensaje!!! Mi dieta cojea 

Breves respuestas a las grandes preguntas

Hace dos años perdimos a una de las mentes más brillantes de nuestro siglo. Stephen Hawking no sólo era un gran físico, era también una gran persona (dicho por aquellos que lo conocían) y también lo que podríamos definir como un cachondo mental. Su desparpajo y su forma de ver la vida hicieron que fuese una persona más cercana, que nos quitase un poco esa idea que otros ya habían ayudado a dispersar del científico serio, y además tenía una faceta quizá menos conocida pero muy importante: la de divulgador científico.

Recientemente cayó en mis manos Breves respuestas a las grandes preguntas, lo que estaba siendo su último trabajo, con el que quería exactamente eso, responder a las grandes preguntas… Y no os voy a contar más, porque debéis ser vosotros los que lo leáis (o escuchéis) y encontréis (o no) esas respuestas. Lo que sí os voy a decir es que es un libro perfectamente asequible para todos los públicos, muy bien explicado y plagado de anécdotas personales que nos acercan mucho más al científico. Ojalá todos tuviésemos su fuerza para luchar en esta vida.

Si queréis leerlo, podéis conseguirlo en el siguiente enlace patrocinado, y así me ayudaréis a financiar mis lecturas futuras: Breves respuestas a las grandes preguntas

Aneca o no Aneca

Seguro que muchos habéis leído recientemente todas esas noticias sobre los “anecados”. Se denomina con tal término a aquellos científicos que, pese a su gran carrera investigadora, no consiguen la acreditación X de la Aneca.

Vamos a poner en contexto el tema. La Aneca lo que hace es acreditarte como profesor, a diferentes escalas. Te acredita para dar clase, y es algo necesario para que te contraten para una serie de posiciones en la universidad española. Perdónenme los de dentro del sistema, pero es que intento explicar esto para los que están fuera.

El tema es que hay una serie de científicos que, pese a su trayectoria, no consiguen tal acreditación porque no cumplen los requisitos, y lo que ha saltado a la prensa es el caso de los que no cumplen los requisitos de horas de docencia.

Aquí mi opinión humilde y claramente en contra de la de la mayoría de afectados: a mi me parece normal. Porque si no has dado clase no eres profesor, por lo que no se te puede acreditar como profesor. Que no, dar clase no te hace buen profesor, pero lo único que podemos medir objetivamente es el número de horas de clase que has dado en tu vida, y si tiende a cero, pues poco podemos hacer.

Otro tema, y aquí es donde coincido con el resto, es que el sistema está mal montado. Nuestras universidades deberían tener investigadores no profesores, que diesen clases ocasionalmente, pero que no fuesen “profesores”. Y también debería existir un programa para facilitar el paso de investigador a profesor. En muchos casos se supone que esto es lo que pasa durante una “beca” Ramón y Cajal, un tiempo en el que no se te requiere la acreditación, que podrás pedir al final, y en el que tendrás tiempo de dar clase… si tu universidad te lo permite.

Pero ahora vamos al tema que me afecta. ¿Qué hago yo? Así a ojo, creo que podría juntar las horas necesarias para acreditarme en las primeras escalas, lo que me permitiría en un futuro incierto presentarme a una plaza en una universidad española (por favor, contengamos las risas). El caso es que, aunque yo ahora vea altamente improbable que en algún momento de mi vida quiera hacer tal cosa, cuanto más tiempo pasa más se dificulta el tema. Primero, porque conseguir la acreditación no es algo que se haga en dos días: necesitas esperar bastante tiempo, y si la pifias, no puedes volver a pedirla al día siguiente. El otro problema es que como hablamos de España, para acreditar algo necesitas “el papelito”. En el momento en el que yo hice las maletas mi cabeza se olvidó de seguir juntando papelitos, porque estaba harta de tener que justificar todo en mi vida. Tengo en algún sitio unos papelitos que dicen que yo di clase en España. No sé ni dónde están ni cuantas horas dicen que he dado, pero sé que los tengo. Pero no tengo claro que haya un registro detallado de las horas que llevo en Suiza, pese a que he dado clases prácticas de bioquímica varios años, he supervisado TFG y TFM, he dado seminarios teóricos, y seguro que algo más de lo que me olvido. Supongo que en mi departamento tienen algo, porque cada cierto tiempo recuerdan mi existencia y me piden que vaya a enseñar a futuros médicos cómo se hace una PCR. Pero lo que diga el departamento no me vale, resulta que necesito un papel del vicerrector, y me temo que en alemán no va a servir.

Pero tengo artículos científicos, un número razonable. Y si valoro objetivamente mis logros (al peso vaya, que es como se hace esto en España), supongo que no sería imposible conseguir la acreditación. Además, esa acreditación sería una línea extra que en otro país podrían valorar porque ya no soy yo diciendo que sé dar clase, es algo más oficial. Así que así estamos… ¿me molesto en hacerlo? ¿es el momento? ¿quiero volver a pegarme con la burocracia española?

Se agradecen comentarios de consuelo, las risas sobre las posibilidades de que una acreditación me pueda servir de algo os las quedáis para vosotros, que ya mientras escribo estoy pensando que esto puede ser absurdo. Pero quizá sea el momento… al menos mientras estoy aquí supongo que es más fácil conseguir los papeles. Si alguno de mis lectores ha pasado por el proceso también me vendrían bien recomendaciones de cómo no cortarse las venas en ello. Al menos espero que no me hagan mandar copias compulsadas de todo… porque esa fase ya la hemos superado y un pdf vale, verdad???