Bacteriófagos 2, o todo lo que has dudado sobre los resfriados

Ya tenemos el segundo episodio disponible!

Y si, ya sé que dije que lo pondría en cuanto saliese, pero soy un poco un desastre… Ahora estoy ya trabajando en el contenido del siguiente, veréis el rollo que os voy a soltar sobre la gripe, seguro que nadie se vuelve a quejar de que le sabe a poco!

Ahí os lo dejo, que lo disfrutéis, yo voy a ver que os cuento de qué es esto de las H y las N de la gripe 🙂

De Bacteriófagos y otros temas

Os prometí que en algún momento os contaría qué estaba tramando. Me ha costado bastante encontrar el momento en el que venir aquí y desvelarlo, aunque supongo que a estas alturas la mayoría ya sabréis cual era el secreto que guardaba.

Desde hace ya dos semanas está online el primer episodio del podcast Bacteriófagos, en el que me podéis escuchar hablar de temas varios de ciencia, en el estilo habitual que he usado siempre aquí. Va a ser un podcast quincenal y la próxima semana se publicará el segundo episodio, a partir del cual empezaré a compartir también aquí los enlaces a los mismos, intercalados con los temas habituales.

Aunque haya estado muy desaparecida, os prometo que no por tener un proyecto paralelo voy a dejar de aparecer por aquí, aunque si es posible que me centre en aspectos más personales en el blog y en los temas científicos en el podcast. Os invito a todos a escucharme y a enviarme sugerencias. Me gustaría poder hacer un podcast de todos, en el que sean los oyentes los que pregunten algo y yo les conteste desarrollando el tema, veremos qué tal funciona.

Bacteriófagos pertenece a la red Emilcar FM, de la que soy seguidora desde hace ya bastantes años. La verdad es que cuando surgió la oportunidad yo no me lo podía creer, a ver qué iba a hacer yo ahí entre esa gente que controlaba tanto, pero la verdad es que me han acogido y me han ayudado a empezar con esta locura. Sería imposible poder publicar sin la ayuda de la red, especialmente la de Emilio, que realmente es el que edita todo, y el que debería llevar la mayor parte del crédito.

Sin más, aquí os dejo el episodio 1. Ay, como me cuesta hablar a la nada y qué fácil sería si os estuviese respondiendo… enviadme cosas!!!

De vuelta del curso para ser buena jefa

Así era como me lo habían pintado, que el curso era para aprender a liderar, para no tratar a los esclavos como esclavos… yo que sé, yo me esperaba otra cosa.

Creo que mis expectativas eran más técnicas, lo que me hacía ser muy escéptica. Creía que lo que me iban a contar era cómo se organizaban y distribuían tareas, y yo sabía que ahí no me podían contar nada que yo no supiese, la ninja de la productividad…

Entonces empezó todo. Al llegar y ver más detalles del programa empecé a arquear una ceja de mala manera, porque aquello de la personalidad, de las emociones, me sonaba todo a paja mental, a rollo zen inútil. Pero de todo hay que probar en esta vida, así que yo me impliqué todo lo que pude.

El primer día fue todo un poco más confuso, pero el segundo día a mi ya me habían ganado. Que no se puede clasificar a la gente por una tabla, ya… pero que cuando ves lo que alguna gente ha estudiado y luego empiezas a poner a la gente de tu laboratorio en su sitio, de repente todo tiene sentido. Ves que las reacciones de la niña mimada son de libro. Ves que lo que hace el jefe es de libro. Y lo peor, ves que lo que haces tú es de libro.

Quizá lo que más me ha sorprendido ha sido eso, verme a mi misma. Ver que con tan sólo unas preguntas básicas, se puede sacar un montón de información sobre mi personalidad. Ver que algunas de las cosas que conscientemente oculto sobre mi, para mis instructores eran evidentes porque caracterizan a la gente con mi personalidad. Y ver la diversidad, lo diferentes que éramos todos los que estábamos allí.

Por suerte, al final el tema de la productividad se limitó a un par de horas (en las que me dediqué a pensar en mis queridos fagos). El resto del tiempo hasta tuve oportunidad de refrescar mi capacidad teatral metiéndome en el papel de otras personas, para lo que parece ser que resultaba muy creíble.

Así que tras una semana en la que he invertido tres días en eso y dos en pretender trabajar, la verdad es que ahora estoy bastante motivada, emocionada, dispuesta a aplicar todo lo que he aprendido, pero sí, sin analizar a la gente que me rodea, que me han dicho que es muy malo. Ojalá pueda, de alguna forma, aprovechar lo aprendido, hacerle hueco en mi personalidad, mejorar. Y ya, no soy jefa, pero tengo a un pobre chaval a mi cargo y es un buen momento para practicar. Y también interacciono con otras personas. Estoy segura de que esta semana he dado un gran paso en mis planes para domin… hacer del mundo un lugar mejor.

Novedades por estos lares

Una de las cosas que me desespera en la vida, es saber algo y tener que callármelo. Me pasa con los resultados del laboratorio, que no puedo contar al mundo hasta que el paper esté publicado, y me pasa también con los proyectos personales.

El fin de semana pasado, alguien me escribió un mensaje directo en Twitter diciendo “No te has planteado nunca…?”. Yo dije que no, pero me hizo planteármelo y parece que me he metido en un lío. Con un “venga va, por qué no”, la cosa ha ido evolucionando y parece que tendré un proyecto nuevo. Os actualizaré cuando lo hagamos público, pero mientras os quedáis con las ganas.

Paralelamente, en el laboratorio todavía me intento recuperar del bajón producido porque alguien me pisase mi trabajo. Todo va camino de buscar alternativas y poder sacar algo productivo del tiempo dedicado. En mi otro proyecto siento que sólo damos vueltas sin tener muy claro hacia donde vamos. Ojalá sea este año el de publicar cosas. Ojalá. Ya va tocando.

Pero para esta semana tengo otras dos novedades. El próximo lunes empieza en el laboratorio un estudiante. Está acabando la carrera y necesita experiencia en el laboratorio, así que me lo han asignado a mi para que le enseñe. Nadie da un franco por él porque está muy verde, pero espero que aprenda mucho en los próximos tres meses, y también que me ayude mucho, porque el tiempo para enseñarle lo voy a tener que sacar de mis experimentos.

Y esto me lleva a la segunda novedad, y es que finalmente me voy a hacer el curso para ser buena jefa. El curso tiene otro nombre, pero ha sido apodado así por la comunidad mundial, así que eso es. Me van a enseñar a tratar con otros humanos sin desesperarme (ja! buena suerte…) y también a gestionar proyectos (en eso igual le enseño yo al que imparte el curso). Espero poder sacar algo útil del curso que perdure en mi mente, aunque viendo lo que han aprendido algunos jefes que conozco que han ido… te deben hacer un lavado de cerebro a la salida y se te olvida todo.

Todas estas cosas van a requerir que me organice muy bien, y la verdad es que no paro de darle vueltas al tema, porque me da la impresión de que algo me falla. Vale, lo que me falla es que intento hacer más cosas de las que debería, pero eso no puedo evitarlo. Soy así y eso no se puede cambiar. Así que bueno, tendré que trabajar duro en mantener todo mi sistema bajo control, acabar todas mis tareas cuando corresponden (no procrastinar!!!) y poner un poco de esfuerzo extra en la planificación, que con un estudiante las cosas no van a ser como antes.

Ya os contaré qué tal el curso, qué tal el estudiante y qué tal el nuevo proyecto. Ahora toca ponerme a trabajar… que algo habrá que darle al chico este para que haga mientras yo me voy por ahí de viaje.

Bacterias en el cerebro

Una pretende aquí mantener un ritmo de publicación, pero la salud no se lo está permitiendo. Un resfriado más largo de lo normal y un exceso de trabajo me han hecho estar de baja temporal, pero esperemos que todo vuelva a la normalidad y pueda cumplir mi objetivo de este año. Y aunque mi resfriado fuese por un virus, yo aquí vengo a hablar de bacterias, concretamente de bacterias en el cerebro.

Hace ya un par de semanas varios medios se hicieron eco de un artículo publicado a finales de noviembre en Neurobiology. Vale, ya, que llego un poco tarde… pero llego.

En el artículo, unos investigadores de la Universidad de California dicen haber encontrado bacterias en cerebros de personas con Alzheimer. ¿Qué quiere decir esto?

El Alzheimer es una enfermedad bastante complicada. Todos conocemos los síntomas, y también sabemos que es bastante complicado diferenciarlo de la demencia senil por los primeros síntomas. Bioquímicamente, el Alzheimer se caracteriza por una acumulación de proteínas mal plegadas. Una de las proteínas implicadas es la beta amiloide, que forma los famosas acumulaciones de fibras amiloides que tanto caracterizan los cerebros con Alzheimer. Realmente, las fibras amiloides se generan por el corte de la proteína precursora amiloidea, de la que todavía no tenemos muy clara su función, pero que sabemos que atraviesa las membranas de las neuronas y que se acumula en las regiones de sinapsis, por lo que se asume que tiene una función importante en la formación de dichas sinapsis, y probablemente como proteína transportadora.

Si la proteína precursora amiloidea se corta cuando no debe, genera los fragmentos beta amiloides, que se unen formando fibras, esas fibras forman placas, y ahí tenemos el problema. Pese a ello, el fragmento (que llamamos péptido) beta amiloide tiene muchas funciones indispensables y su carencia también generaría problemas. Por eso es importante el plegamiento. Si se corta y no se “dobla” correctamente, empieza a agregar, y una vez que tenemos un núcleo de partida para la agregación, el resto se unen a la fiesta.

Otra de las proteínas implicadas en el Alzheimer es Tau. Tau estabiliza los microtúbulos en las neuronas. Explicado de una forma más corriente, si pensamos que los microtúbulos son las carreteras de las células, Tau se ocupa de mantener el tráfico fluido. Si el tráfico no es fluido, los nutrientes no llegan a tiempo a las sinapsis. Como el tráfico es algo irregular, Tau necesita un mecanismo de control, que ocurre mediante la fosforilación (digamos, se le añade una etiqueta para que esté activada). Si el proceso falla y se fosforila más de lo que debe, entonces empieza a formar fibras, no puede cumplir su trabajo, y la red de carreteras de la célula no funciona.

Sabiendo esto, volvamos al tema de las bacterias. Los investigadores han encontrado en el cerebro de gente con Alzheimer lipopolisacáridos (los ladrillos exteriores de la pared de las bacterias) y bacterias, concretamente una cepa de E. coli. La presencia de microorganismos asociados al Alzheimer no es algo nuevo, ya que antes se había asociado a infecciones de hongos e incluso al herpes, pero nunca se habían detectado bacterias vivas.

Lo que más me ha preocupado es que también las han encontrado en uno de los pacientes sanos. ¿Tenemos bacterias en el cerebro? Ellos mismos valoran la posibilidad de una contaminación. Yo creo que prefiero no pensar cómo esas bacterias han llegado al cerebro si realmente estaban ahí. Por supuesto, tampoco saben si las bacterias estaban vivas, porque digamos que no es el mejor medio de cultivo.

Independientemente de las dudas asociadas a los resultados, uno se debería plantear que qué ha sido antes, si el huevo o la gallina. Se sabe que una de las funciones del péptido beta amiloide es antimicrobiano, ya que está implicado en la respuesta inflamatoria. Quizá, si no se está plegando correctamente y no trabaja como debe, es más fácil que las bacterias campen a sus anchas por nuestro cerebro. Pero quizá una infección bacteriana sature la actividad de estos péptidos y no puedan plegarse correctamente por ello. Sabiendo también que la gente con una vida más sana es menos propensa a desarrollar Alzheimer, ¿no valdría la pena investigarlo?

A día de hoy hay muchas teorías sobre el posible origen del Alzheimer. Muchas apoyan una base genética, pero no como única razón. Tenemos las teorías que basan el origen en el mal plegamiento de las proteínas antes mencionadas, pero también las hay que piensan que el mal funcionamiento de transportadores es lo que desencadena el resto. En cualquier caso, es una enfermedad muy común y demasiado desconocida. Por ahora os dejo con la duda… ¿tendremos también nosotros bacterias en el cerebro?

Gram-negative bacterial molecules associate with Alzheimer disease pathology.
Zhan X, Stamova B, Jin LW, DeCarli C, Phinney B, Sharp FR.
Neurology. 2016 Nov 29;87(22):2324-2332.

Los niños mimados

A principios de esta semana llegó a mi de alguna forma un artículo en El Mundo sobre niños mimados. Me puse un poco a darle vueltas al tema, porque mirándolo desde fuera parece que sí, que los estamos haciendo un poco tontos. Pero mi opinión no vale mucho porque tengo poco contacto con niños. Entonces empecé a preguntar…

La mayor parte de los que me contestaron me dijeron que no, que no se mima en exceso, ni se sobreprotege. Pero sí hubo unos cuantos casos que explotaron a decirme que sí, que esto es todo horrible, que la próxima generación va a ser un desastre.

Uno de los temas que salió en la conversación fue el de los deberes. ¿Deben hacer deberes los niños? Los deberes deberían estar hechos para fijar conocimientos, tratarse de un simple repaso, no de tareas que deberían haber hecho en clase, y sobretodo nunca deberían ser cosas que no se hayan visto en el aula. Si hablamos por ejemplo de una clase de matemáticas, tras haber enseñado a sumar, es razonable que se manden para casa unas cuantas sumas, que hagan que los niños practiquen. En primaria el tiempo dedicado a los deberes debería ser el mínimo, sólo lo justo para ese repaso. En secundaria y bachillerato las cosas se van complicando, y entonces es normal mandarles más ejercicios, pero los profesores siempre deberían valorar que hay otras asignaturas. En mi mundo ideal, un alumno de instituto, de media, no debería tener que dedicar más de una hora diaria a trabajo obligatorio, dejando tiempo para que repase y estudie las asignaturas según su necesidad.

¿Y qué pasa con los fines de semana? ¿Y las actividades extraescolares? Los fines de semana deberían ser para descansar. Veamos, ¿a que a un adulto le jode llevarse trabajo para el finde? Pues a un niño también. Los deberes del fin de semana deberían poder hacerse el viernes, y sólo ocasionalmente dedicar parte del fin de semana a estudiar. Las actividades extraescolares aportan mucho, pero no se trata de saturar al niño, ni de mandarlo a las cosas que a los padres les interesan. Recuerdo cuando yo quería ir a teatro y mi madre insistía en apuntarme a baile. Está bien apuntarlos a una actividad física un par de días a la semana (igual que los adultos deberíamos hacer ejercicio al menos un par de veces por semana), y también a una actividad más “artística”, pero tienen que ser siempre cosas que disfruten, se supone que es su tiempo libre.

Hay mil formas de emplear el tiempo con los hijos, y los padres que más me insistían en que no se sobreprotege son todos padres que pasan mucho tiempo con sus hijos. Tienen hobbies en común, juegan juntos, hasta hacen videos juntos que luego suben a Youtube. El tiempo en familia es algo muy preciado, y me encanta ver cómo algunos niños crecen sin desarrollar ese odio a pasar tiempo con sus padres.

Pero luego tenemos a la gente que dice que sí se mima mucho… Ahí tenemos a niños cuyos padres les permiten todo. Niños que pasan de todo en el colegio porque ya luego los padres se enterarán por Whatsapp. Niños que dicen a sus padres “la profe me tiene manía” y los padres van y la amenazan. Estas navidades me contaba mi madre un caso de éstos: niño de 10 años, padre que le permite todo, le compra todo lo que pide, niño que suspende y tendría que repetir curso, padre que lo lleva a un psicólogo, niño que pasa curso y dice que “total para qué esforzarme si paso igual”, padre que dice “yo tampoco estudié y no me va mal”, niño que todo lo que quiere es “ser mayor e irse de vinos con su padre”. Sí, ese niño está mimado.

Pero hace ya siete años, a mi me apareció una madre llorando en la facultad. Su hija no era mucho más joven que yo. La madre decía que “había perdido los apuntes de su hija”. Como su hija tenía que entregar unos ejercicios y no tenía apuntes, la madre me ofrecía 500 euros por hacerle los ejercicios a su hija. Todos pensamos que si tu madre te pierde los apuntes, lo primero que haces es asegurarte de que tu madre deje de tocar lo que no debe, y lo segundo es pedirle a alguien que te pase los apuntes. Ese mismo año, vi desfilar a varias madres con sus hijos a las revisiones de exámenes de segundo de carrera. Esa gente tiene ahora más de 25 años, y ya venían mimados.

Me decía uno de los preguntados que toda generación cree que los niños están más mimados que antes y, si te vas a gente de suficiente edad, acabarás escuchando que con Franco esto no pasaba. Quizá es lo que mejor resume el tema, porque niños mimados habrá siempre, pero no hay que caer en el extremo contrario. Queremos ser rectos, permitir lo justo y asegurar una buena educación… pero los métodos para eso recuerdan demasiado a una escuela de los 60. A los niños hay que darles libertad, eso es todo. Algunos saldrán más independientes que otros, como ha pasado siempre.

Y nunca nos olvidemos que la visión de los padres siempre está sesgada, se ve lo que se quiere ver. Si ya lo dice mi madre, que yo salí así de bien, con mi carrera y mi doctorado, siempre tan buena estudiante, porque ella no me permitía salir por ahí, porque nunca bebí alcohol, porque me pasaba las horas estudiando en lugar de jugar a la consola, porque me compraba muchos libros, porque… porque… Y la realidad es que salía, bebía, las horas “estudiando” eran delante de un ordenador (que no me dejase tener consola no implicaba no jugar), en casa no tenía ni de lejos los libros que yo quería, etc, etc, etc. Si me hubiese dejado hacer todo lo que quería nos habríamos ahorrado muchas mentiras y yo habría salido igual, un poco más despojo humano de lo que ella cree, pero con carrera y doctorado.

La vuelta y el propósito del gimnasio

El día 3 llegué a Suiza para encontrármela llena de nieve. La diferencia de temperatura con lo que dejé en España es impresionante, así que llevo desde entonces muerta de frío. Esta mañana me desperté con -14, y eso que hoy ya subían las temperaturas.

El primer día fue muy suave… al fin y al cabo yo no era más que un zombie moviéndose de un lado a otro. Tras una noche casi sin dormir, un avión demasiado temprano y unas horas en el laboratorio para no perder el día.

El segundo día pretendía ir toda decidida a comerme el mundo… hasta que me desperté y vi que las ventanas estaban cubiertas de nieve. Dormir un poco más… al final acabé saliendo de casa corriendo, olvidándome la mitad de cosas, llegando tarde al laboratorio, tirando un cultivo que no crecía. Una vuelta un poco accidentada, diría yo.

Ya el jueves la cosa fue mejorando, me acordé de (casi) todo y aunque fui tarde, esta vez iba más planeado. Entre el jueves y el viernes conseguí hacer algo productivo y empezar a avanzar en el cumplimiento de mis propósitos (levantarme temprano no era uno de ellos, así que no me juzguéis). Y de eso quería hablar, del propósito que más se lleva en el mundo entero: ir al gimnasio.

El jueves, al salir del trabajo, allá fui. Ya tenía que haberme mosqueado cuando en la entrada me pidieron identificación (sólo piden cuando hay mucha gente nueva), pero inocente de mi, creía que como habían cambiado algunos horarios, igual era eso. El vestuario parecía tener mucha actividad, pero eso, igual era que iba a empezar una clase, qué sé yo. Me mosqueé cuando me di cuenta de que casi no quedaban taquillas libres, teniendo que dar saltos para meter mis cosas en una alta. Pero bueno, allá me fui para la sala de máquinas.

Al entrar descubrí el horror: la primera semana de enero en un gimnasio. Aquello estaba a rebosar. Todas las bicis ocupadas. Me dirijo a una elíptica que acababa de quedar libre y allí me pongo yo a calentar. A los pocos minutos empiezo a notar la presencia de varios seres en mi entorno, presionándome a ver si acabo ya. Y es que el 90% de la gente en esa sala quería usar exclusivamente las máquinas de cardio (para quemar calorías, yo que sé). Cuando acaba mi programa me bajo y veo como 3 tías casi se pegan por la máquina. Mientras decido con qué empezar observo a la gente en las máquinas de cardio. Una población muy diversa: chicas delgadísimas que corrían con pinta de ir a desmayarse de un momento a otro, chicas con demasiada grasa que pese a ir mucho más despacio parecía que iban a morirse, chicos con pose atlética que llevaban un kilómetro y no respiraban… A mi alrededor, con la misma cara que yo, los habituales: gente en una forma regulera, más realistas, que no sabíamos qué hacer ante la invasión de los nuevos.

Me fui a las máquinas de musculación y empecé mi ruta habitual. Lo habitual es que tenga que bajar el peso en todas las máquinas. No ocurre siempre, hay chicas (y chicos) que levantan menos que yo, pero simplemente sabiendo cual es mi peso, es obvio que con lo que levantan algunos (y algunas) yo moriría aplastada. Esta vez la cosa cambió y en todas, absolutamente todas las máquinas, tenía que subir. Me paré un poco a mirar qué hacían el resto, y se veía claramente que muchos no sabían ni cómo funcionaba cada máquina y estaban al borde de la lesión pese a estar moviendo un peso absurdo.

En mi segundo día, el viernes, ya llegamos al extremo. Estaba yo en una máquina haciendo el ejercicio como me han enseñado que debo hacerlo. Aparece un chico y empieza a mirarme fijamente. Yo sigo a lo mío. No deja de mirarme y reírse. Intenta meterme prisa, que lo haga más rápido. Lo miro con cara de ir a matarlo y sigo controlando el ritmo (mi entrenador insiste mucho en esto). Cuando acabo, salgo de allí y lo animo a que empiece. Se sienta. No ajusta el asiento ni el peso, simplemente se pone como estaba yo (y me sacaba dos cabezas, así que la silla tenía que ajustarla sí o sí). Empuja y allí no se mueve nada. Sigue empujando y nada. Ese fue el momento en el que yo ya exploté y me empecé a reír. Me reí mucho en su cara y le dije que bajase el peso. Se puso muy rojo y me miró con mucho odio, pero yo ya me iba hacia otra máquina. Se lo merecía: está muy feo eso de reírse de una chica pequeñita que lo está intentando todo lo que puede.

Seguro que alguno de los lectores tiene como propósito de año nuevo ponerse en forma en un gimnasio. Mucha gente muy en forma se reirá de vosotros. Yo nunca me reiría de un principiante, porque yo no estoy ni mucho menos en buena forma y porque todo el mundo tiene que empezar en algún momento, pero sí me río del postureo.

Si queréis cumplir vuestro propósito, no basta con ir al gimnasio e intentar copiar malamente lo que hace la gente allí. Buscad un entrenador (la mayor parte de los gimnasios no lo cobran, al menos la primera vez) y pedidle que os haga un programa adaptado a lo que queréis. Si no podéis consultar a un entrenador, preguntad a la gente que hay en el gimnasio cómo se usa cada cosa. Especialmente con las máquinas de musculación, es muy importante que alguien os explique cómo ponerlas en la posición correcta, cómo hacer el ejercicio y cómo ajustar el peso, para que el ejercicio sirva de algo y para que no os lesionéis la primera semana. Aprended qué trabajáis con cada máquina para planificar un circuito completo. Recordad que de peso no se baja corriendo en la cinta (es mucho más importante controlar lo que coméis). Y sobretodo, recordad que sois los nuevos, que váis a un sitio en el que ya hay una parroquia habitual que tiene sus formas de comportarse y que sois vosotros los que os tenéis que adaptar a sus costumbres.

Espero que muchos de vosotros cumpláis vuestro propósito, pero en lo que a mi me afecta espero que todos los reyes (y reinas) del postureo que han aparecido esta semana vayan poco a poco desapareciendo. Y sí, antes de que me lo preguntéis, había gente haciéndose selfies mientras estaban en la bici. Seguro que esos ya no vuelven.